jueves, 1 de septiembre de 2011

Humedad I

La mujer despertó, con moscas volando alrededor de ella, su cuarto en ese momento se había convertido en un verdadero basurero, no sería extraño que hubiera ratas, y todos animales propios de lugares asquerosos. Tenía esos hermosos ojos oscuros cubiertos de lagañas pegajosas y amarillentas y estaba desnuda. Cuando se levantó para irse a donde debía ir, sintió una terrible comezón en la vagina, y algo diferente, nuevo. Una cucaracha había entrado a ese lugar oscuro y húmedo que ella no supo resguardar. Ella se dio cuenta de eso, pero no le tomo importancia. Tenía mejores cosas en que pensar, o al menos eso creía ella.

Aún no prendía la luz, cuando se dio cuenta de que dejó sus zapatos juntos en el suelo. Sabía que eso no se debía hacer, por cosas que ella misma pensó o imaginó. Desde el inicio de los zapatos fueron naciendo unos pies y unas piernas, el horror pudo haberla tomado en ese mismo instante pero prendió la luz rápidamente. Se agachó como era su costumbre, para oler abajo del mueble donde guardaba su ropa, habían varias serpientes allá abajo, pero el olor a humedad siempre la tranquilizaba. Por encima del mueble, en cambio, siempre habían cabezas de demonios, y otras cosas que ella no comprendía, pero que le atemorizaba de tal forma que aveces simplemente cerraba los ojos deseando no ver nunca más.

Salió de su cuarto sin darse cuenta que había dejado varios espejos hacia arriba, y cuando ella llegara se tragarían su alma todas esas cosas que tanto odiaba ella, sin que pudiera hacer algo, simplemente dejó de importarle, simplemente dejó de pensar en eso.


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