viernes, 20 de febrero de 2015

thgin ta.

Ian vino a verme está noche. Lo sé porque mi gato me lo dijo, ambos estábamos muy contentos. Aunque yo sentí verguenza. No era digna de su visita, había hecho un montón de cosas malas los días anteriores. A veces, cuando trataba de sentirme menos culpable, hablaba con él y le escribía cartas, pero el nunca aparecía. Le extrañaba, pero algo me decía que hoy no quería mirarme, así que mientras mi gato se bañaba a mi lado, le escribo todo esto. Siento su presencia junto a mí, sé que el puede sentirme también, pero no se acerca. Ojalá pudiera decirle cómo me siento. Me siento sucia, impura, creo que él lo sabe. He llorado y no ha hecho más que verme. Pero espero sus palabras, espero que me cante, porque a él le gusta cantarme, le gusta que sufra al escucharle. Todavía recuerdo cuando su mejilla fría junto a  la mía me despertó a mitad de la noche; cuando abrí los ojos Ian estaba ahí, frente a mí, con su rostro tan sereno, con su mirada de amargura, yo sufría, y el corazón nunca dejó de doler. De pronto, estando tan cerca, levanta su mirada asustado, como observando algo.

La muerte nos había separado...