miércoles, 9 de mayo de 2012

Soy algo así

Llevo días queriendo escribir, cuando estoy por dormir vienen mil ideas en mi mente pero ninguna permanece al despertar. Vuelvo a escuchar la música que siempre había tenido sentido para mi, después de toda esa alegría que quise que me abordara, ahora quisiera volver al pasado. Me doy cuenta como he cambiado, no sé si me gusta, pero sé que hay grasa corporal en mi que antes no estaba... No lo sé, me siento diferente. De pronto me invade una furia, como ganas de matar a alguien, inexplicablemente, sin sentido. Un ruido tonto, música que no me agrada, calor insoportable podrían desatar en mi esas ganas de extraerte las entrañas, miserable mal nacido. Tu música suena patética. Y está en mi esas ganas impacientes de volver a estar bien, buscando algo que me haga caer de nuevo en un sueño, a veces difícil de encontrar, otras imposible. No quiero dejar de oír mi música para oír la tuya. Sé que soy una persona solitaria, ahora más que nunca, y como odio esos ruidos que haces con la boca cuando comes, con los cubiertos cuando cocinas, como odio esos ruidos inestables, de las puertas azotándose, como si no pudiera tener silencio. Me siento como la niña que se desesperaba con la furia de pensar que no se sentía bien ese peinado, no como debería sentirse, o como la que odiaba sentir un zapato más apretado que el otro. Soy esa mujer que odia sentir las medias demasiado ajustadas, demasiado flojas, suciedad en las manos o saliva en los labios.

martes, 8 de mayo de 2012

Cecilia.

Es extraño la forma en la que me aferro a tu recuerdo.
Imagino situaciones horribles para obligarme a actuar. Así la visión de los clochards para impulsarme a trabajar frenéticamente en la oficina. Lo mismo el viernes pasado cuando vi la obra de Brecht y me asusté mucho como si mi caída en la miseria fuera inminente.

Cuando entré en mi cuarto tuve miedo porque la luz ya estaba prendida y mi mano seguía insistiendo hasta que dije: Ya está prendida. Me saqué los pantalones y subí a la silla para mirar cómo soy con el suéter y el slip; vi mi cuerpo adolescente; después bajé y me acerqué nuevamente al espejo: Tengo miedo, dije. Revisé mis rasgos y me aburrí. Tenía hambre y ganas de romper algo. Me dirigí a la mesa y quise escribir un poema pero temí aumentar el desorden de los libros y papeles. Me mordía los labios y no sabía qué hacer con las manos. Me asustaba saberme andando por la piecita desordenada, con la boca devorándose y la memoria petrificada.