miércoles, 28 de diciembre de 2011

Recaída I

También yo estoy cansada de sentir todo esto, de dudar todo el tiempo. Un delineado oscuro, o tus ojos todos blancos, no puedo elegir entre uno.
Estoy sola una vez más, digo, empiezo a acostumbrarme. Mis ojos en ese momento se clavan en un punto en específico, donde no miro nada, a lo lejos unas luces que me ciegan casi por completo, y luego dejo de percibir. No es algo que yo halla querido, mucho menos buscado. Es algo que llegó, sin darme cuenta hasta que ya estaba establecido.
Y puedes pensar lo que quieras de mí, no estoy para hacerte feliz, solo vivo por vivir, me aferro a esta vida, e imagino que existo.
Mis ojos asustan a mi mente con lo que ven, recae en mi alma y mi conciencia no me deja, ya es cotidiano. Me acostumbro poco a poco a la oscuridad, me arrulla el silencio, y cuando casi caigo, debo mirar atrás. Sombras. No sé que son con exactitud, mis ojos pueden engañarme una vez más. Lo cierto es que siempre me asusto. Puedo sentir como mi corazón se acelera en un instante y mi cuerpo tiembla, todo ese temor, debo estar despierta.

Busco verte entre las sombras, algo me dice que podrías estar ahí, pero todo es inútil. Cierro los ojos y entre las luces estás de nuevo tu, esperándome, buscándome como yo te he buscado. Es verdad?

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