“El mundo exterior en completamente diferente para mi. Ya no tengo más necesidades; mientras escribo, mi cuerpo está por desaparecer, solo quedan mis manos, aunque lentamente se están convirtiendo en vidrio para que posteriormente quebrarse y convertirse en polvo.”
Relataré un fragmento de mi historia, desde un momento indefinido, en el que empecé a ver mi descomposición hasta el momento en el que me encuentro.
En los momento de mayor lucidez, en los que los que los sentidos de empiezan morir y de la mente surgen pensamientos e ideas imprecisas, las acciones que se realizan son superfluas. El instinto incita a abandonarlo todo pero la extrema lucidez dice permanecer, todo se paralizará, y que la muerte ni el dolor existen.
No se puede sino concordar que en los tiempos de mayor angustia la falta de sueño aparece no rara vez y constantemente aparecen dolores sutiles ya sean auto-infligidos o por hipocondría, y una ansiedad similar la que se siente cuando se cae desde un lugar impreciso al vacío interminable o cuando, en un sueño, se es perseguido por una figura extraña e irreconocible pero que provoca, además de la ansiedad mencionada, un horror inefable. Tratarse de cubrir, completamente, entre las sábanas y aun así sentirse totalmente desprotegido y vulnerable.
La incertidumbre que provoca el verse a sí mismo efectuar acciones que nunca, estando en sus sentidos completos e inalterables, se creía capaz de concebir. Como si la mente, estando fuera de su cuerpo, lo observara actuar de manera inconsciente y que, a pesar de lo observado, se niega a intervenir.
Mi nombre es Elisa, vivía en mi propia casa con mi novio. Solía ser una mujer “normal”. No se en que momento empezó a cambiar todo hasta lo que ahora soy, siempre tuve muchos objetivos, siempre he mirado a lo más alto. Uno de estos objetivos fue el que nunca pude alcanzar y, estoy completamente segura que eso fue lo que me impulsó a llegar a este punto.
Siempre vi hacia el futuro, planeando, pensando. Siendo que, probablemente lo que había imaginado, nunca llegaría y mucho menos con quien pretendía. Todo esto fue absurdo, no desde el inicio sino desde el momento en que te hacen ver lo que deseas es demasiado ficticio. En ese momento empecé a sufrir cambios en mi persona físicos y, posiblemente, psicológicos.
Perseguía la “sabiduría”, continuamente deseaba saber, conocer y sobre todo experimentar más cosas. Debí darme cuenta desde el inicio que lo que anhelaba me dejaría total mente sola, no por el simple echo de ser yo sino por lo que perseguía nadie me apoyaría. Y era eso, el apoyo, lo que necesitaba para seguir o abandonarlo todo, pero como dije, me encontré sola.
“Impulsos”
Yo lo amaba, pero, ¿Les ha ocurrido, en ocasiones, cuando la ansiedad de un suceso pasado o futuro, se hacen acciones que no se pueden controlar? Toda mi vida me ha ocurrido y eso fue mi perdición. Lo que voy a relatar me solía lastimar como lo hace una aguja al atravesar la piel, pero ahora solo es una memoria vaga de lo ocurrido. Bien, en una noche como cualquier otra, no recuerdo con exactitud lo que estaba haciendo en mi casa junto a mi novio, pero de súbito el recuerdo casi palpable de la… crucifixión de nuestro “salvador”, y yo dentro de ese recuerdo, sola en mi habitación me acariciaba ¿Cómo pude haberlo echo? Ahora sé que me merezco todo lo que me está ocurriendo, esta muerte de la que no puedo liberarme. E inesperadamente, una vez recobrando la conciencia, la sangre sobre mi, en mi mano una cuchilla de afeitar que había traído para mi novio y él yacía muerto a un lado de mi ¿Qué había ocurrido en el instante en el que los recuerdos se apoderan de la mente y las acciones se transforma en un instrumento para el que habita por esos instantes tu cerebro?
La sangre corriendo sobre mis dedos, en ese instante sentí un atisbo de eternidad, inmediatamente después un horror que solo se compararía al de un muerto incinerado volviendo a la vida. Los gusanos dentro de mí se retorcían desesperadamente intentando saborear la sangre sobre mí para que de esta forma volver a mi cuerpo como lo era en un inicio, así que decidí hacerme heridas para dejarlos salir. Debí darme cuenta que todo sería inútil.
Cada día me siento más podrida, el olor repugnante que emana de mi interior es insoportable. Y ahora aquí, encerrada, viviré eternamente obligada a soportar toda la asquerosidad que emana desde mis entrañas.
“Delirios”
Dulce y alborozada ignorancia. Y ahora aturdida por el latido de mi corazón, vigilándome desde mi exterior diciéndome las verdades ocultas, que desde hace tiempo, veían la luz poco a poco y me negaba a creer. El sentimiento de saber que es verdad y por otro lado la necesidad de olvidar, de hacer de cuenta que fue una pesadilla. Pero ¿Acaso no carece de importancia para alguien que ya murió?
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