miércoles, 25 de diciembre de 2013

Usted.

Estaba sola. Me llamaste y hablamos un rato, por un momento sentí que de tantos deseos que tenía de verte de pronto aparecerías ahí, y lo quería con tanta fuerza. Me encontraba recostada, volviste a llamarme, y cuando contesté te vi frente a mí, a unos metros. Me dijiste que me extrañabas también, pero yo estaba segura que no podrías extrañarme como yo a ti, sería demasiado.
De aquí puedo verte, ¿porqué no te acercas?
No podías verme pero yo a ti sí. Fui por ti, y te llené la cara con mis besos, tuve que abrirte los ojos con mi lengua. Me dijiste bonita y enseguida salimos por la puerta.
Queríamos hacer el amor, pero no sabíamos dónde. Subimos al techo de una casa y ahí comenzamos a besarnos y a desnudarnos, pero  comenzó a llover. Estábamos empapados y tuvimos que buscar otro lugar, tomados de la mano. Eres todo.


Entramos a una casa abandonada, hacía frío y todo lo que queríamos hacer era acostarnos juntos, darnos calor el uno al otro, pero había un ambiente de miseria y tristeza. La situación se volvió bizarra al darnos cuenta que era una especie de circo abandonado, donde aparentemente habían ocurrido hechos de extraña naturaleza, ropa interior, condones usados, y manchas de sangre en el suelo sólo dieron rienda suelta a nuestra imaginación. Entramos a una habitación  muy iluminada llena de muebles rosas como los que se encuentran en el consultorio de un dentista. Un hombre salió del baño de la habitación y nos miró con ojos pervertidos, tenía el aspecto de un enfermo mental, me asustó porque parecía un títere, tú le dijiste que se fuera, que queríamos estar solos y así lo hizo.
Lo pasado anteriormente no afectó en lo absoluto a que quisiéramos comernos como siempre, y así lo hicimos; por fin.

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