lunes, 21 de enero de 2013

Rasguños

Todo a cambiado, excepto este maldito frío. Tiene meses que no veo a Gabrielle, ni espero verla, me imagino que es una imbécil que solo espera casarse con algún tonto para irse de casa de su madre. Y ahora estoy sola, más sola que nunca, realmente no tengo ningún amigo, y tampoco deseo tenerlo, es absurdo pretender que yo podría mostrar mi verdadera personalidad con alguien. Simplemente no puedo, ni deseo hacerlo. Por motivos que desconozco deje de aparentar lo que realmente soy, ahora simplemente esbozo una sonrisa y todo el mundo me cree, no es necesario el esfuerzo. He cambiado, es cierto. Pero una crisis ayer a las tres de la mañana me hizo comprender que yo soy la misma niña insegura y miedosa que he sido siempre. Después de ese inesperado acontecimiento en aquella fiesta todo cambio. Yo he tenido miedo, ese miedo inexplicable que me ataca cada noche. Y cada amanecer me doy cuenta de lo que le hice a mi cuerpo, lo he destrozado, arrancado, ahora no soy más que una piel corroída por buitres, rasguñada, podrida.


 Las tardes después yo veía a Gabrielle por la ventana de mi casa, con Samuel. Ella hacía como si no me viera, ya no quería saludarme y yo quería pensar que no sabía el por que. Esas mismas tardes me gustaba sentarme en un parque que estaba cerca de una escuela, solo había dos o tres bancas, la mayoría de las veces vacías. Un tipo me miraba justo en la banca que estaba frente a la mía. Me incomodaba, su mirada me parecía nauseabunda, pero el no hacía ningún gesto realmente. No parecía que quisiera hablarme, más bien me miraba como sin saber que yo estaba enfrente. Ojalá yo nunca hubiese estado allí. Después de un largo rato cuando terminó el atardecer y cayó la oscuridad, se acerco, parecía que había salido de un largo trance y estaba de nuevo en este mundo. No hablamos de nada y al mismo tiempo de todo, y continuamente nos encontrábamos siempre en ese mismo lugar, poco antes de que anocheciera. No sabía su edad, ni en donde vivía, apenas si recuerdo su único nombre. Y yo quise no volver a sentirme sola, ni tampoco sentir miedo. Y así es como pasó, alrededor de un año en la misma situación. Algunas veces encontré formas cuando estuve a su lado. Las mismas que siempre aparecían cuando estaba asustada, pero ahí estaba el y todo era distinto. Ahora había alguien que me contestaba lo que decía, ya no volvería a hablar sola, nunca más. La ilusión pasó pronto, por cosas simples; varias veces me lo encontré a la orilla del lago, con un grupo de chicos que eran conocidos por ocasionar actos de vandalismo según la gente del lugar. A veces no quería creer que el era el mismo que vi por la ventana del auto mientras Gabrielle y yo huíamos con Samuel de aquellos locos. Y es que era distinto, sus ojos brillaban muchísimo menos que esa noche, y tenía el cabello muy corto. Pero de algo estaba segura: Me miraba de la misma manera, como proponiéndome algo, invitándome a disfrutar de lo que el disfrutaba.


 Una noche, la última de todas, me encontré caminando en la calle ya muy tarde. Estaba dormida, y al momento que desperté estaba sola, siguiéndolo. No recuerdo que estaba soñando, pero cuando abrí los ojos ya estaba cerca del lago y él caminaba frente a mi. Parecía no darse cuenta de que lo seguía, y yo tampoco había notado que frente a él caminaba otra persona. Finalmente se detuvo y yo también, detrás de los arboles que rodeaban el lago. Se sentó y la persona que estaba frente a él también. Era una mujer, con un vestido largo, blanco. Tenía el cabello muy corto, como un hombre y no alcance a mirarle la expresión del rostro. Ambos ya sentados, se tomaron de las manos, no hablaban, estaban muy cerca de la orilla del lago, y el agua les tocaba los pies. Así entonces él sacó una navaja del bolsillo de su pantalón y le corto las muñecas a la mujer, la rasguñaba con ella, le hizo varias heridas en el torso y las piernas. Yo quise acercarme para mirar con más detalle. No sé si estaba asustada o si me gustaba lo que veía pero quería ver más. La joven abrió la boca grande, y de ella salio un montón de sangre que le escupió a él. La tenía en los brazos, se retorcía, pero no pude distinguir si era de dolor, o de placer. Finalmente, el la levanto y la tiró al lago. En ese momento sentí el aire frío en mis tobillos y quise correr. Había visto por fin quien era él. Pero cuando quise hacerlo fue demasiado tarde. El me alcanzó e intentó cubrirme la boca después de eso me caí y me desmayé. Entre sueños vi arriba los árboles moviéndose con el viento y sentía mucho frío, temblaba. Vi manchas negras que nublaron mi vista, eran las sombras, y ahora él era una de ellas. Después de eso me dormí y no recuerdo nada más.

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